El Palacio de Gaudí incorpora a su exposición temporal “La Pieza del Mes” dos piezas singulares que permiten adentrarse en una de las facetas más refinadas del genio creativo de Antonio Gaudí: el diseño de mobiliario. Se trata de un banco (1942, réplica de un original de 1898) y una silla presbiterial (1943, réplica de un original de 1898), ambas procedentes de la Basílica de la Sagrada Familia.
Realizadas en madera —de castaño y hierro en el caso del banco—, estas piezas reflejan la concepción integral de la arquitectura que defendía Gaudí. Para el arquitecto, el mobiliario no era un elemento accesorio, sino una prolongación natural del espacio arquitectónico, concebido con el mismo rigor estructural, simbólico y estético.

La madera, material esencial en su obra, fue empleada por Gaudí tanto en soluciones constructivas como en el diseño de objetos, gracias a su profundo conocimiento de sus cualidades. En este proceso creativo desempeñó un papel fundamental un equipo de artesanos altamente cualificados, entre los que destaca el ebanista Joan Munné i Seraní (1861–1938), colaborador cercano del arquitecto y autor de los modelos originales de estas piezas. Fue trasladado por Gaudí desde Cataluña para actuar como maestro carpintero en Astorga y uno de los directores de las cuadrillas durante las prolongadas ausencias del arquitecto. Además, realizó los moldes de madera y latón diseñados por Gaudí para los ladrillos aplantillados de Jiménez de Jamuz que se utilizaron para decorar los nervios de las bóvedas.
El banco, de líneas rectas y laterales elevados rematados en punta, incorpora una estructura de hierro que refuerza su solidez, manteniendo la coherencia formal con otros bancos diseñados para la cripta. Por su parte, la silla presbiterial, destinada a los oficiantes que acompañan al obispo, presenta reposabrazos y un respaldo pentagonal, ricamente ornamentado con los nombres de José, María y Jesús, así como el crismón flanqueado por el alfa y la omega.

Ambas piezas formaron parte del mobiliario litúrgico concebido para la cripta de la Sagrada Familia, origen del ambicioso proyecto basilical gaudiniano. En ellas se funden funcionalidad y simbolismo, estrechando el vínculo entre la práctica litúrgica y la expresión artística.
Con esta incorporación, el Palacio de Gaudí continúa profundizando en la comprensión del universo creativo en el Centenario del fallecimiento de Gaudí, ofreciendo al visitante una mirada más completa a su concepción total del arte y la arquitectura.

